martes, 3 de diciembre de 2013

Mudando de piel


Parecía imposible que mi modus operandi finalmente pudiera cambiar. El estilo de vida que he llevado desde los... ¿9 años? por fin ha tomado el atajo que siempre ha querido tomar y que jamás ha tenido la suficiente fuerza de voluntad como para decidirse a hacerlo. 

Me hallo en 88kg en este punto del día. Y aunque en el fondo sigo teniendo esa pequeña obsesión por perder peso (como bien contaba en mi última entrada), ya no considero semana perdida el que me pese un domingo y pese lo mismo que el domingo anterior. Hay semanas que literalmente no pierdo nada, e incluso hay algunas que gano algún que otro gramo. Y si bien anteriormente esto hubiera sido motivo para que, cegada por mi frustración, hubiera ido a "llorar las penas" comiendo 500gr de pasta con extra de queso mientras me preguntaba que por qué no adelgazaba; hoy en día simplemente me recuerda que aunque no haya perdido peso; mi cuerpo se ha acoplado al peso que marca la báscula. Y no puedo evitar sino sonreír.

Últimamente no escribo muchas entradas, pero es porque le he estado dando vueltas al tema y realmente... ya está todo dicho. Simplemente puedo ir actualizando esto acorde a lo que voy perdiendo y cómo me voy encontrando - y también en el caso de que surgiera un tema que no haya comentado. Por eso os digo que si queréis que debata algún tema, si queréis que escriba sobre algo... no dudéis en hacérmelo saber en los comentarios (lugar donde contesto a TODO y a todos, si es que me necesitáis para algo), porque estaré encantada de hacer una entrada al respecto.

Que no hayan entradas diarias no significa que no esté. Siempre estoy. Si me necesitáis... ¡ya sabéis! Muchísimo ánimo para cada uno/a que se encuentre luchando para alcanzar la vida que siempre ha querido tener. Se puede conseguir. Y os lo dice una persona que llevaba estancada en el mismo modo de vida desde que era una niña, pensando que la vida que siempre he querido tener tan solo se hallaba en mis sueños... Nada más lejos de la realidad.

sábado, 19 de octubre de 2013

Obsesión





Estoy a un par de kilos de empezar la recta de los 80. Y sin embargo, aún no tengo claro si voy por el buen camino.

Estoy empezando a sentirme de una manera… que en cierto modo me asusta. Desde el segundo exacto que dejé los 100 kilos atrás, me he transformado en un ser sediento de perder kilos. De pesarme al finalizar la semana, y necesitar ver mínimo un kilo menos. Y en el caso de que no sea así, arreglármelas como sea para perder lo que me falta en un par de días.
  
Últimamente veo cualquier reflejo de mi persona (ya sea en una ventana, puerta, espejo) y tengo que desviar la vista rápidamente porque me pongo de malhumor: “Si ahora peso 92 kilos, y me veo enorme, ¿cómo cojones podía vivir pesando 118?” me repito una y otra vez. Hay días que examino mi cuerpo, y tan solo me apetece adoptar un estilo de vida vegano hasta llegar a los 60 kilos.




Y sí, puede que me esté obsesionando… Pero quizás es el comportamiento que mi yo interno adopta automáticamente al ver que después de 10 años por fin estoy cumpliendo mis metas; sin excusas, y sin volver a empezar; porque simplemente, no he parado.

Quiero perder peso, y perder, y perder, y perder… Y quizás mi preocupación esté en que si ahora no veo los resultados (al menos física-visualmente, lo noto muy poco. Pero sí lo noto en la ropa), jamás los llegue a ver como yo quiero verlos. He escrito esta última frase no muy convencida y con los dientes apretados, porque que los llegaré a ver… Pero aún me queda camino por recorrer. Y me refiero a que; una persona que pese 100 kilos, si pierde 10, es como una persona que pesa 70 kilos y pierde 3. Puede empezar a notar los resultados en la ropa interior y etcétera, pero visualmente tendrá que esperar un poco más. Tened en cuenta, que una persona que supera la barrera de los 100 kilos (y contando con que mida unos 1’65cm) tiene en su cuerpo más de 40 kilos de grasa sobrantes. No va a empezar a verse “bien”, como de verdad quiere verse y con todas las letras, hasta que no haya perdido mínimo la mitad.




Pero ojo, tampoco estoy diciendo que quiero perder 50 kilos y pesar 40 y subir fotos de mis huesos diciendo que aún me veo gorda. No. Solo ansío desorbitadamente llegar ya a los 80; porque después vendrán los 70… y los 60. Y repito; ansío desorbitadamente. Hoy por hoy, me controlo, y creo que soy suficientemente inteligente para saber cómo hacerlo. Pero temo que uno de esos días en que me vea reflejada en algún lugar, mi chip interno cambie.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Nueva era



El día que me pesé y logré superar y romper la pesada barrera de los 100kg... me sentí diferente, poderosa, y tremendamente satisfecha conmigo misma.
Bien es cierto, que no fue la meta que me propuse para el 1 de Septiembre, pero estoy contenta con los resultados, y no hay necesidad de correr si andando se va por el buen camino.

El 1 de Septiembre fue un cambio, tanto referido al peso, como en mi modo de vida; llevo desde ese día saliendo todos los días a hacer deporte, es la primera vez que tengo la suficiente fuerza de voluntad como para añadirle a la alimentación ejercicio diario non-stop. Y si hay un día que se decide descansar, una buena opción para no acabar vegetando en la cama todo el dia, es hacer unas cuantas flexiones, abdominales, y demás ejercicios musculares, que bien nos ayudarán para tonificar y poner en forma y en su sitio las carnes conforme vayamos perdiendo peso...

Estoy en un punto que sí... ¡empiezo a oler la Nueva era!
Muchísimo ánimo para todo/as, simplemente necesitáis encontrar esa motivación, como bien contestaba en un comentario en mi anterior entrada... La motivación es lo único que os dará la mano para levantaros en esos días cabizbajos.
 

viernes, 16 de agosto de 2013

Posibilidad de rechazo



Estoy con un debate interno permanente, y más últimamente, porque me ha dado por ver películas. Las “típicas” con “típicas” tías buenas y “típicas” actitudes de que hagan lo que hagan conseguirán sin ningún esfuerzo al “típico” protagonista. O por el contrario, es el protagonista, “típico” normalucho, que puede llevarse a la “típica” tía que cuesta encontrarle los dos dedos de frente, solamente siendo él mismo y demostrando que la belleza está en el “típico” interior… Pero solo cuando el prota es un tío. Muy típico todo. ¿Hay alguna película hoy en día que no sea típica y que el prota no obtenga como trofeo, a mujeres retrasadas?


Quizás es que me quema especialmente esa realidad que intentan vender en calidad cine. Porque luego, se quiera o no, el pueblo borrego capta esos ideales y los transforma al verdadero mundo real, en donde da igual que el tío sea gordo, feo y que solo piense en sexo, que podrá llegar a camelarse a una chica de buen ver. Pero... ¡Protesto señoría! ¿Qué pasa al revés? ¿Acaso estaría bien visto que una gorda adoptara las actitudes del caso anterior, sin ser rechazada? Si una chica de buen ver rechaza al gordo, es una “puta superficial”, y demás calificativos bien hermosos. Si un chico de buen ver rechaza a la gorda. ¿Qué es? Después de todo habrá que condenar a la chica obesa por haber tenido la osadía de siquiera pensar que podría haber tenido algún tipo de oportunidad.

 
Y luego me paro a pensar… ¿Y si lo que me inunda no es rabia por los cánones expuestos, sino envidia? ¿Tengo envidia de las típicas tías infumables que salen en películas y que pueden llevarse a cualquier tío al catre, en los primeros cinco minutos, y que el tío acceda cual oveja con enfermedades mentales? Puede ser. Porque al fin y al cabo, hoy en día, no encuentro una realidad más diferente que la que aparecen en las películas (bueno, sin tiros y todo eso “cienciaficcional”). A toda mujer le gusta ser deseada. No digo lo contrario. Pero otra cosa muy distinta es ser un objeto sexual de cine para atraer en masa al público en celo masculino.


 Me cuesta mucho encontrar películas que de verdad me ilusionen. Por eso cuando encontré la serie “My Mad Fat Diary” sentí la necesidad de compartirla con vosotras/os, porque te abre ese pequeño rayito de esperanza más allá del muro de la superficialidad
Y tampoco estoy demandando que hagan más películas en donde la prota sea gorda y tenga a un séquito de tíos buenorrísimos detrás. Solo que dentro de esas 100 películas típicamente iguales que hacen cada año, hayan un par en el que el género femenino sea “normal” y no actrices sacadas de la industria porno. Ejemplo de ello fue “La proposición”, una película que sí, puede ser la típica “comedia romántica americana” de primeras, pero que me encantó y me vería cincuenta veces más. La protagonista no es ni más ni menos que Sandra Bullock, que lejos de ser la típica tía buena, es una mujer normal y corriente, que arreglándose mejora sus virtudes. Y joder, , me encantó la película. Estuve todo el rato viendo cuánto le quedaba porque NO quería que acabase. Es la primera vez que me pasa con una película, porque también fue la primera vez que me transmitía esa “atípica” anormalidad de lo no-típico en una película. La primera vez que no me tenía que asquear porque los protas se enamoren nada más empezar, y ver agradablemente que no existe esa atracción sexual nada más cruzar la puerta del despacho. Saber que existe riesgo de rechazo. Esa es la clave, señores. Es lo que hace más falta en el cine hoy en día. Posibilidad de rechazo. Como en la vida misma.


martes, 13 de agosto de 2013

Problemas aparcados


    "Y el principe, nunca apareció..."

Como bien digo en el título, aparquemos el tema principe a un lado. Porque lo que verdaderamente tiene importancia en decirse es que... Me queda un suspiro para atravesar la barrera de los 100 kilos, y jamás he estado más orgullosa de mí misma, y de lo que he conseguido, que ahora. 

Prácticamente 20kg perdidos desde que decidí empezar una lucha constante, con bajones pero sin pausas, contra la obesidad.

Espero que a vosotr@s os esté yendo incluso mejor, superando día a día esas pequeñas metas que os proponéis. ¡Hasta la vista!

Bradshaw

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